viernes, 17 de julio de 2026


 

Dolores González

Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela.


Docente, escritora y poeta. Nacida en Barquisimeto, es egresada de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) en la especialidad de Castellano y Literatura. Ha participado en diferentes Recitales Poéticos (Lecturas de Poemas) y Talleres de Poesía. También ha publicado en medios impresos del país y del exterior. Además, ha coordinado algunas publicaciones de corte literario y turístico. Entre sus publicaciones tenemos: Mis manos (poesía, 1981); Poesía Loca (poesía, 1982); Huyo (poesía, 1984); Regando el nombre (poesía, 1987); Notas de despecho (poesía, 2000) y Casa Triste y Soy Figura (poesía, 2002).



Obras disponibles:




El poema es una lucha, una especie de encrucijada donde varios caminos toman vuelo hasta alzarse desde algo difuso, es decir, la nada, hasta una inmensidad absoluta. Y allí es el encuentro, pupilas que se reconocen y multiplican. En ese lugar las miradas se abren y se cierran según una atmósfera rítmica que quizá siga al beso o a una piel que se extiende eternamente.

Muchas veces, en medio del camino, por aquellos senderos puede que surga el desamor, de hecho es fácil reconocerlo; sin embargo, llevarlo, no tanto.

El desamor no es sólo la ausencia de amor, de cierta forma es el duelo, un quiebre que, indudablemente, lleva al dolor, una sensación que atrapa y de la escapar se vuelve un asunto complejo pues por un lado el pasado es como plomo y la incertidumbre de volver a empezar pesa aún más.  

La poesía, y en este caso particular, los poemas de Dolores González, tienen la capacidad única para bregar con el desamor, ello debido a que sus versos le dan cuerpo al vacío. En cada frase se traduce la ausencia del ser querido que se aleja, pero también se hace referencia a ciertos objetos y paisajes que, de sólo mirarlos, hacen más físico el dolor. De modo que tales versos no tienen por objeto ser bonitos, sino más bien ser cercanos a lo real, buscando en lo posible admitir la rabia, la debilidad e incluso la gran contradicción de seguir queriendo a quien se aleja.

Sin más, los invitamos a viajar a través de esos versos que nuestra autora, muy amablemente, nos ha regalado y en los cuales se nota el dolor en muchas palabras, permitiendo de algún modo externalizar el sufrimiento, pero también, de servir a la vez como contención de emociones, porque, de otro modo, resultaría abrumador.

 

El editor.




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